Recuerdo haberme divertido de pequeña al ver a un personaje de dibujos animados preocuparse por pasar exactamente a través del espacio limitado de una puerta que se encontraba en mitad de una playa, de un bosque o de la arenosa extensión de un desierto. Me parecía una actitud muy cuerda por parte del protagonista animado, y quizá eso era para mi lo más divertido, que se plantaba delante de esa incongruencia con bisagras.